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2009 - Las zapatillas de Willy

El argentino Guillermo Cañas, conocido en el circuito por Willy, aterrizó en el aeropuerto de Asturias a mediodía del 3 de agosto, con tiempo suficiente para preparar el primer partido de su segunda participación en el Torneo Banco Herrero-Tenis Playa. Lo que no podía imaginar es en qué condiciones tendría que afrontarlo. Como tantos otros usuarios de cualquier vuelo, todos los días en todo el mundo, Cañas se encontró con la desagradable noticia de la pérdida del equipaje. Salvo las raquetas, compañeras inseparables de los tenistas, el argentino se encontró con lo puesto: un pantalón corto, una camiseta y unas zapatillas de paseo. Con ellas tuvo que jugar el partido frente al portugués Joao Sousa, al que ganó sobre la arena húmeda de La Ribera. En algún momento, Willy pisaba como un bailarín sobre las puntas de sus zapatillas de tela. Al día siguiente, en la semifinal frente a Nicolás Almagro, aparecieron las maletas y Cañas pareció un tenista de arriba a abajo.

Las Zapatillas de Willy


2009 - Alucinando bajo la lluvia

Parecía que lo ocurrido en la final de 2006 había colmado la capacidad de asombro de los habituales del Tenis Playa. Pues no. El 5 de agosto de 2009 se vivió el más difícil todavía en la playa de La Ribera. Porque esa noche la lluvia no dio respiro. A diferencia de la final Cañas-Almagro tres años antes, esta vez los jugadores bajaron a la pista y los aficionados se instalaron en las gradas después de más de dos horas de un orbayu que por momentos iba a más. Guillermo Cañas y David Ferrer dieron el primer paso al aceptar jugar el partido sin condiciones. Los aficionados les respaldaron masivamente al ocupar más de tres cuartas partes de los asientos, pese a que muchas personas que tenían su abono o entrada renunciaron a desplazarse a Luanco ante la incertidumbre creada. Ese gesto ya tuvo un valor incalculable, pero lo mejor vino después. La organización decidió que el partido se disputase a un solo set al mejor de diez juegos, para no alargar la velada. Los tenistas, en un alarde de profesionalidad y respeto por el público, acabaron convirtiendo el partido en una de las mejores finales de la historia. Una final alucinante.

Alucinando bajo la lluvia


2008 -Un baño en la pista de juego

Por primera vez en la historia del Torneo, algunos de los participantes se dieron un baño en la pista de la playa de La Ribera cuando el mar la cubría. Los decididos fueron tres de los participantes en la XXIX edición: Iván Navarro, Daniel Gimeno-Traver y Tomeu Salvá.
Aprovechando las horas de la mañana en que las aguas de Cantábrico cubrían la pista de juego, les apeteció darse un baño y conseguir con ello algo que en ningún otro torneo del mundo podrán hacer: bañarse en el mar sobre la misma pista donde se disputan los partidos.
La experiencia les resultó muy divertida y mientas disfrutaban de la piscina natural, algunos de sus acompañantes inmortalizaron el chapuzón con sus cámaras fotográficas.

 

2006 - Jugando bajo la lluvia

Desde 1983, en que la final se retrasó una semana, nunca había llovido en la final del Torneo. En esta ocasión amaneció el día lluvioso y no paró hasta unos minutos antes de la hora establecida para el comienzo de la final. Se consiguió preparar la pista y la Banda de Gaitas entró en ella desfilando para proceder a la presentación oficial de los finalistas. Fue en ese momento cuando un fuerte chubasco comenzó a caer sobre la ya húmeda playa de La Ribera, lo que hizo temer la desbandada del público que casi llenaba las gradas. Bajo la lluvia fueron presentados los jugadores y sonó el himno de Asturias sin que una sola persona se moviera de su sitio, a la vez que los finalistas se animaban gritando: "Esto lo jugamos como sea, hay que jugar".

Si en ese momento el público no hubiera permanecido en su lugar, el espectáculo se hubiera terminado, pero su actitud terminó por crear un ambiente de complicidad con los jugadores para sacar la final adelante en unas condiciones en las que nunca se hubiera disputado un partido en ningún otro lugar por profesionales de tan alto nivel. Con una lluvia incesante, el público, ejemplar, respaldó a su torneo. Y los jugadores, poniendo en juego su integridad física sobre una superficie que en el transcurso del partido se ponía cada vez más difícil, brindaron un gran espectáculo en un encuentro muy disputado que cualquiera pudo ganar (venció Guillermo Cañas a Nicolás Almagro) y del que salió reforzado el Torneo por la actitud de sus principales protagonistas: público y jugadores.

2006 En directo desde Argentina
Sabíamos que la participación de Guillermo Cañas despertaba mucha expectación en Argentina y otros países hispanos, pero no hasta el punto de que un periodista argentino se pasara el partido de la final llamando por teléfono periódicamente para conocer el resultado. Al coincidir la última llamada con la disputa del tie-break final, el improvisado corresponsal mantuvo la conversación para conocer en directo su desarrollo, que fue narrado punto a punto desde las gradas de la pista de La Ribera.

 

1998 - El "atraco" a Alex Corretja

Para promocionar la venta anticipada de abonos, la Organización acordó sortear la raqueta del campeón del torneo entre las personas que lo compraran con antelación a través de los cajeros automáticos Serviherrero.
Llegado el momento, la Organización se había planteado informar sobre ello a los finalistas, proponiendo que el campeón cediera una de sus raquetas para regalarla durante el acto de entrega de trofeos.
Un error de coordinación ocasionó que uno de los finalistas, precisamente Alex Corretja, no se enterara con antelación.


Alex Corretja entrega su raqueta al agraciado en el sorteo.
Corretja ganó la final y fue el primer sorprendido cuando, en pleno acto de entrega de trofeos, se hizo publico el nombre de la persona agraciada con una de sus raquetas. Su reacción fue admirable. Ningún espectador pudo sospechar que Alex se enteraba en aquel instante de que tenia que regalar su raqueta.
El campeón recogió con total naturalidad una de sus raquetas y se la entregó, con gesto alegre y cordial, al espectador que había bajado a la pista para recogerla.
Pasadas unas horas, cuando nos reunimos para cenar, Alex comentó: "Como sabréis, casi todos los deportistas tenemos alguna regla o manía. Pues bien, yo tengo una que mantengo a rajatabla: considero la raqueta un instrumento de trabajo muy personal y no me desprendo de una aunque me lo pida mi padre".
Alex se quedó sin raqueta y demostró hasta que extremo es capaz de romper sus normas más estrictas con tal de no generar un problema a otros.
A partir de ahí, nunca más se sorteó la raqueta del campeón, sino la de uno de los participantes más destacados, tras gestionarlo con meses de antelación.

 

1984 - Manolo Orantes cubre la baja por paternidad de Victor Pecci

La tarde antes de comenzar su participación, el paraguayo Victor Pecci, figura estelar del cartel del XIV Torneo, llamó desde París para comunicar que no podría estar en Luanco. La falta de papeles en regla del hijo que su mujer había dado a luz en París unos días antes le impedía salir de Francia.
En menos de 24 horas había que cubrir la plaza del número uno.
La misión resultaba casi imposible. Sólo la capacidad de gestión de Manolo Galé podría conseguirlo y a él se recurrió.

Se localizó a Manolo Orantes en Barcelona, donde entrenaba para recuperarse de unas molestias en la espalda que le habían apartado temporalmente de la competición. Se trataba de convencer a una figura del tenis mundial para que adelantase su reaparición y jugase en Luanco. Su condición física era precaria y la falta de tiempo le obligaba a realizar un viaje muy pesado. Como no podía ser de otra manera, Manolo Galé le convenció. Orantes tuvo que darse un madrugón para, antes de coger el vuelo de Barcelona a Madrid de las 7 de la mañana, pasar por su club a recoger las raquetas. En el aeropuerto de Madrid lo esperaba un coche enviado por los organizadores desde Luanco.

Manolo Orantes acompañado por Jose Manuel Fdez
De esta forma, Orantes llegó a Luanco por la tarde, con el tiempo justo de cambiarse para disputar su primer partido sobre la arena de La Ribera.
Pese a su esfuerzo, Manolo Orantes no consiguió clasificarse para la final, pero dejó patente su gran clase deportiva y, con su comportamiento, proporcionó a la Organización una solución magnifica para cubrir la baja por paternidad de Victor Pecci.

 

1983 - La lluvia obliga a retrasar la final una semana

Por fortuna, solo ocurrió en una ocasión.
Era sábado y tocaba disputar la final del XIII Torneo Tenis Playa entre el argentino Eduardo Bengoechea y el luanquín Juan Avendaño, pero la tarde se cerró en agua y no paró de llover torrencialmente en toda la noche.

Manolo Gale y Jose Manuel Fdez covencen a Bengoechea

La Organización, ante la imposibilidad de disputar la final en aquellas condiciones, propuso a los participantes que volviesen el siguiente sábado tras disputar un torneo para el que ambos estaban inscritos en Vigo.

Cordialmente lo aceptaron y gracias a ello la afición disfrutó de la esperada final una semana después.
Para ello fue necesario mantener toda la instalación en La Ribera durante seis días.

Lo curioso es que llegado el momento, Bengoechea estuvo a punto de retirarse del partido al considerarse perjudicado por un juez de línea.

 

1980 - La ducha "rectoral" de Manolo Santana

Manolo Santana acabó uno de los partidos en La Ribera de madrugada y no disponía de alojamiento en Luanco, ya que se hospedaba en un hotel de Avilés, por lo que solicitó a la organización que le facilitase tomar una ducha en el hotel de Luanco.
La Organización, tras realizar la gestión con el hotel, le cedió la habitación del Juez Arbitro, Teofilo Heres, popularmente conocido por Teo. Santana se dirigió solo hacia la recepción del hotel, donde ya había instrucciones de facilitarle el paso a la habitación de Teo.

La casualidad quiso que en esas fechas estuviera alojado en el mismo hotel Teodoro López Cuesta, en aquel momento rector de la Universidad de Oviedo, al que también se conocía en su círculo de amistades por Teo. El recepcionista del hotel estaba más familiarizado con Teo como referencia del Rector de la Universidad. A pesar de estar advertido, no relacionó a Manolo Santana con el tenis y ante la solicitud de éste para disponer de la "habitación de Teo", ni corto ni perezoso descolgó el teléfono y despertó al rector para comunicarle solemnemente: "Don Teodoro, Manolo Santana está en recepción y, como usted conoce, va a subir a su habitación para darse una ducha".
López Cuesta, haciendo gala de su amabilidad, respondió: "Encantado, pero es que Luisina está dormida y tendría que despertarla", en referencia a su esposa.

 

1974 - Guillermo Ocio recupera fisicamente a su verdugo

Juan Avendaño se proclama campeón por primera vez al imponerse en la final del IV Torneo Tenis Playa al doctor Guillermo Ocio, lo que supone el inicio de su carrera como profesional. Curiosamente, la intervención de Guillermo Ocio, a priori claro favorito, resultaría decisiva por motivos extradeportivos.

Juan, en una actitud propia de un crío de 13 años, dedicó toda la mañana a pedalear con su bicicleta, sin tener presente que esa misma tarde disputaba su primer final del Tenis Playa.

El partido resultó maratoniano. Avendaño ofreció mucha más resistencia de la esperada a un Guillermo Ocio mucho más experimentado. Como consecuencia, Juan sufrió la típica sobrecarga muscular que obligó a detener el juego para someterlo a un masaje.

La falta de medios y el gran espíritu deportivo que reinaba propició que Guillermo Ocio ­médico en ejercicio entonces­ colaborara para conseguir el ungüento adecuado que el mismo aplicó, mientras el padre de Juan, Paco Avendaño, refunfuñaba por el esfuerzo del crío sobre la bicicleta. El desenlace fue curioso: Juan se recuperó y acabó derrotando a su rival, que no enemigo.