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| 2006
- Jugando bajo la lluvia |
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Desde
1983, en que la final se retrasó una semana, nunca
había llovido en la final del Torneo. En esta ocasión
amaneció el día lluvioso y no paró hasta unos minutos
antes de la hora establecida para el comienzo de la
final. Se consiguió preparar la pista y la Banda de
Gaitas entró en ella desfilando para proceder a la
presentación oficial de los finalistas. Fue en ese
momento cuando un fuerte chubasco comenzó a caer sobre
la ya húmeda playa de La Ribera, lo que hizo temer
la desbandada del público que casi llenaba las gradas.
Bajo la lluvia fueron presentados los jugadores y
sonó el himno de Asturias sin que una sola persona
se moviera de su sitio, a la vez que los finalistas
se animaban gritando: "Esto lo jugamos como sea, hay
que jugar".
Si
en ese momento el público no hubiera permanecido en
su lugar, el espectáculo se hubiera terminado, pero
su actitud terminó por crear un ambiente de complicidad
con los jugadores para sacar la final adelante en
unas condiciones en las que nunca se hubiera disputado
un partido en ningún otro lugar por profesionales
de tan alto nivel. Con una lluvia incesante, el público,
ejemplar, respaldó a su torneo. Y los jugadores, poniendo
en juego su integridad física sobre una superficie
que en el transcurso del partido se ponía cada vez
más difícil, brindaron un gran espectáculo en un encuentro
muy disputado que cualquiera pudo ganar (venció Guillermo
Cañas a Nicolás Almagro) y del que salió reforzado
el Torneo por la actitud de sus principales protagonistas:
público y jugadores.
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| 2006
En directo desde Argentina |
| Sabíamos
que la participación de Guillermo Cañas despertaba mucha
expectación en Argentina y otros países hispanos, pero
no hasta el punto de que un periodista argentino se
pasara el partido de la final llamando por teléfono
periódicamente para conocer el resultado. Al coincidir
la última llamada con la disputa del tie-break final,
el improvisado corresponsal mantuvo la conversación
para conocer en directo su desarrollo, que fue narrado
punto a punto desde las gradas de la pista de La Ribera.
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| 1998
- El atraco a Alex Corretja |
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Para
promocionar la venta anticipada de abonos, la
Organización acordó sortear la raqueta del campeón del
torneo entre las personas que lo compraran con antelación
a través de los cajeros automáticos Serviherrero.
Llegado el momento, la Organización se había planteado
informar sobre ello a los finalistas, proponiendo que
el campeón cediera una de sus raquetas para regalarla
durante el acto de entrega de trofeos.
Un error de coordinación ocasionó que uno de los finalistas,
precisamente Alex Corretja, no se enterara con
antelación.
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Alex
Corretja entrega su raqueta al agraciado en el
sorteo.
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Corretja
ganó la final y fue el primer sorprendido cuando, en
pleno acto de entrega de trofeos, se hizo publico el
nombre de la persona agraciada con una de sus raquetas.
Su reacción fue admirable. Ningún espectador pudo sospechar
que Alex se enteraba en aquel instante de que tenia
que regalar su raqueta.
El campeón recogió con total naturalidad una de sus
raquetas y se la entregó, con gesto alegre y cordial,
al espectador que había bajado a la pista para recogerla.
Pasadas unas horas, cuando nos reunimos para cenar,
Alex comentó: "Como sabréis, casi todos los deportistas
tenemos alguna regla o manía. Pues bien, yo tengo una
que mantengo a rajatabla: considero la raqueta un instrumento
de trabajo muy personal y no me desprendo de una aunque
me lo pida mi padre".
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Alex
se quedó sin raqueta y demostró hasta que extremo es capaz
de romper sus normas más estrictas con tal de no generar
un problema a otros.
A partir de ahí, nunca más se sorteó la raqueta del campeón,
sino la de uno de los participantes más destacados, tras
gestionarlo con meses de antelación. |
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| 1984
- Manolo Orantes cubre la baja por paternidad de Victor Pecci |
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La
tarde antes de comenzar su participación, el paraguayo
Victor Pecci, figura estelar del cartel del XIV
Torneo, llamó desde París para comunicar que no
podría estar en Luanco. La falta de papeles en regla
del hijo que su mujer había dado a luz en París unos
días antes le impedía salir de Francia.
En menos de 24 horas había que cubrir la plaza del número
uno.
La misión resultaba casi imposible. Sólo la capacidad
de gestión de Manolo Galé podría conseguirlo
y a él se recurrió.
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| Se
localizó a Manolo Orantes en Barcelona, donde entrenaba
para recuperarse de unas molestias en la espalda que le
habían apartado temporalmente de la competición. Se trataba
de convencer a una figura del tenis mundial para que adelantase
su reaparición y jugase en Luanco. Su condición
física era precaria y la falta de tiempo le obligaba a
realizar un viaje muy pesado. Como no podía ser de otra
manera, Manolo Galé le convenció. Orantes tuvo que darse
un madrugón para, antes de coger el vuelo de Barcelona
a Madrid de las 7 de la mañana, pasar por su club a recoger
las raquetas. En el aeropuerto de Madrid lo esperaba un
coche enviado por los organizadores desde Luanco. |
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Manolo
Orantes acompañado por Jose Manuel Fdez
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De
esta forma, Orantes llegó a Luanco por la tarde,
con el tiempo justo de cambiarse para disputar su primer
partido sobre la arena de La Ribera.
Pese a su esfuerzo, Manolo Orantes no consiguió
clasificarse para la final, pero dejó patente su gran
clase deportiva y, con su comportamiento, proporcionó
a la Organización una solución magnifica para cubrir la
baja por paternidad de Victor Pecci. |
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| 1983
- La lluvia obliga a retrasar la final una semana |
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Por
fortuna, solo ocurrió en una ocasión.
Era sábado y tocaba disputar la final del XIII Torneo
Tenis Playa entre el argentino Eduardo Bengoechea
y el luanquín Juan Avendaño, pero la tarde se
cerró en agua y no paró de llover torrencialmente en
toda la noche.
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Manolo
Gale y Jose Manuel Fdez covencen a Bengoechea
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La
Organización, ante la imposibilidad de disputar la final
en aquellas condiciones, propuso a los participantes
que volviesen el siguiente sábado tras disputar un torneo
para el que ambos estaban inscritos en Vigo.
Cordialmente
lo aceptaron y gracias a ello la afición disfrutó de
la esperada final una semana después.
Para ello fue necesario mantener toda la instalación
en La Ribera durante seis días.
Lo
curioso es que llegado el momento, Bengoechea
estuvo a punto de retirarse del partido al considerarse
perjudicado por un juez de línea.
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| 1980
- La ducha "rectoral" de Manolo Santana |
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Manolo
Santana acabó uno de los partidos en La Ribera de
madrugada y no disponía de alojamiento en Luanco, ya
que se hospedaba en un hotel de Avilés, por lo que solicitó
a la organización que le facilitase tomar una ducha
en el hotel de Luanco.
La
Organización, tras realizar la gestión con el hotel,
le cedió la habitación del Juez Arbitro, Teofilo
Heres, popularmente conocido por Teo. Santana
se dirigió solo hacia la recepción del hotel, donde
ya había instrucciones de facilitarle el paso a la habitación
de Teo.
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| La
casualidad quiso que en esas fechas estuviera alojado
en el mismo hotel Teodoro López Cuesta, en aquel
momento rector de la Universidad de Oviedo, al que también
se conocía en su círculo de amistades por Teo. El
recepcionista del hotel estaba más familiarizado con Teo
como referencia del Rector de la Universidad. A pesar
de estar advertido, no relacionó a Manolo Santana con
el tenis y ante la solicitud de éste para disponer de
la "habitación de Teo", ni corto ni perezoso descolgó
el teléfono y despertó al rector para comunicarle solemnemente:
"Don Teodoro, Manolo Santana está en recepción
y, como usted conoce, va a subir a su habitación para
darse una ducha". |
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López Cuesta, haciendo gala de su amabilidad, respondió:
"Encantado, pero es que Luisina está dormida y tendría
que despertarla", en referencia a su esposa.
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| 1974
- Guillermo Ocio recupera fisicamente a su verdugo |
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Juan
Avendaño se proclama campeón por primera vez al
imponerse en la final del IV Torneo Tenis Playa al
doctor Guillermo Ocio, lo que supone el inicio
de su carrera como profesional. Curiosamente, la intervención
de Guillermo Ocio, a priori claro favorito, resultaría
decisiva por motivos extradeportivos.
Juan,
en una actitud propia de un crío de 13 años, dedicó
toda la mañana a pedalear con su bicicleta, sin tener
presente que esa misma tarde disputaba su primer final
del Tenis Playa.
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El partido resultó maratoniano. Avendaño ofreció
mucha más resistencia de la esperada a un Guillermo
Ocio mucho más experimentado. Como consecuencia,
Juan sufrió la típica sobrecarga muscular que
obligó a detener el juego para someterlo a un masaje.
La
falta de medios y el gran espíritu deportivo que reinaba
propició que Guillermo Ocio médico en ejercicio
entonces colaborara para conseguir el ungüento adecuado
que el mismo aplicó, mientras el padre de Juan,
Paco Avendaño, refunfuñaba por el esfuerzo del
crío sobre la bicicleta.
El desenlace fue curioso: Juan se recuperó y
acabó derrotando a su rival, que no enemigo.
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